A mí me han pasado cosas surrealistas en mi vida, pero tanto como ir al cine a ver Piratas del Caribe 3 con Enzo Castellari...
Jueves. Tres de la tarde. Cafetería de la Escuela de Cine. Saludo a Enzo que me abraza con amor.
¿Qué haces esta tarde pequeñita? Y yo le digo el plan. ¡Me apunto!, me contesta. Y nada, allá que cojo yo mi coche destartalado para llevar al maestro al cine a ver el espanto de los piratas cojonceros. Yo no tengo más remedio que ver estas cosas comercialoides y tengo la impresión de que Castellari se debe aburrir mucho en Alicante el pobre, así que estaba encantado con el plan.
A mí me divirtió en asunto porque iba con él, que si no... y es que la cosa es amarga de digerir.
El pobre señor y yo aguantamos estoicamente pero de vez en cuando se le oía decir: "Mamma mia, como hablan!!!! es que no van a callar nunca?".
Cuando salió en escena Chow Yun Fat exclamó: "Qué grande, qué grande", y después hacía los gestos sarasones de Johnnie Depp con las manos. En fin, muy gracioso todo.
Eso sí, salimos exhaustos, porque ver una película de tres horas con tanta lucha marina agota lo suyo. Menos mal que estamos casi en junio que si no se nos hace de noche.
Depués Enzo me contó sus proyectos cinematográficos. Uno de ellos se rodaría en Alicante, y sería un "wenster del horror" como él lo llama, y saldrían muchos famosetes haciendo de extras, entre ellos un trío vaquero formado por Tarantino, Rodríguez... ay, no me acuerdo del otro. Del que sí me acuerdo es de Argento, que sólo ponía una condición para hacer la peli: que él pudiera llevar su propio vestuario. Ya se me hace la boca agua de pensar en la cara de malote de Argento haciendo de vaquero con su propia ropa. Yo eso no me lo pierdo.
El guión lo tiene ya escrito, y me lo va a dar para que Domingo haga la traducción al español. Qué emoción.
También me ha dicho que la próxima peli de Tarantino será un remake de una de las suyas, "Inglorious Bastards" o "Quel maledetto treno blindatto" en italiani. A ver si así se entera la gente de quién es este hombre y lo ponen en su sitio. Entonces vendrán los modernos y se harán los guays reivindicándolo como si lo hubieran descubierto ellos. Qué asco dan.
lunes 28 de mayo de 2007
miércoles 23 de mayo de 2007
Renato Zero - Triangolo live 1978
Os invito a una experiencia sin igual: ver bailar y cantar el Il Triangolo a Renato Zero con esos movimientos de danzarina acróbata. Quiero ese disfraz de pájaro de fuego
martes 22 de mayo de 2007
Zodiac
ZODIAC
Cronología de un asesino en serie
Resulta curioso observar cómo durante este año han estrenado película tres de los directores norteamericanos más interesantes de la escena actual: Christopher Nolan, Darren Aronosfky y David Fincher. Los tres han presentado tres proyectos de una envergadura considerable pero paradójicamente alejados de todas las convenciones de Hollywood. Tanto El truco final. El prestigio, como La fuente de la vida y este Zodiac que nos ocupa suponen trabajos absolutamente personales y alejados de cualquier convencionalismo maistream.
David Fincher siempre ha tenido talento, eso es algo que no se le puede reprochar. Sin embargo siempre me ha parecido que sus films eran demasiado alambicados y buscaban impresionar a través de su estructura y se perdían definitivamente en la retórica de la imagen. Ahora Fincher se deja de juegos, da rienda suelta a su universo más sombrío y expone con la precisión de un cirujano la ficción de la que es sin duda la mejor película de su carrera.
Zodiac no es una película fácil. Es más, pone contra las cuerdas a un espectador no prevenido, pues no hay espacio para la complacencia dentro de su tejido narrativo.
Nos encontramos ante un film sobrio, tan riguroso que llega a alcanzar la meticulosidad obsesiva, tan disciplinado que parece no sobrar en él ni una sola coma de su guión, ni un solo plano de su imagen.
El film se centra básicamente en un único punto de anclaje, la investigación acerca de un asesino en serie de nombre Zodiac que tiene aterrorizada a la población de varios estados después de haber pertrechado una decena de muertes a sangre fría. A partir de este eje constitutivo la narración se abre en tres racimos para sustentar cada uno de los motores independientes que surcan la acción y que tienen que ver con la investigación paralela que realizan los miembros del cuerpo de policía, la que llevan a cabo los periodistas de un diario local al que “Zodiac” manda mensajes cifrados para darse notoriedad en los medios de comunicación y la búsqueda personal que emprende uno de sus miembros, Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal), al que le obsesiona tanto desenmascarar la identidad de “Zodiac” que llega a consagrar su vida privada a esta causa.
El film va alternando el punto de vista dependiendo de la orientación que toma cada uno de los segmentos, variando así también el estilo con el que se encuentran narrados. En la primera parte, Fincher adapta el lenguaje periodístico al cinematográfico, mostrando una agilidad y precisión insólitas. Cortante, seco, extremadamente quirúrgico, disecciona cada detalle y lo muestra desde todas las perspectivas posibles, de forma que el espectador casi es partícipe de todos y cada una de los datos que manejan en tiempo real los protagonistas. Poco a poco el film va entrando en una etapa de tránsito, en la que la investigación (ahora centrada en el personaje de David Toschi- Mark Ruffalo) entra en un período de estancamiento, por lo que el ritmo también adquiere una modulación más calmada, aunque también más tétrica y siniestra. De una u otra forma, cada uno de los personajes a los que salpica el caso quedan atrapados por él y parte de sus vidas permanecerá marcada por la imposibilidad de resolverlo. Es el momento en el que toma el relevo el personaje de Robert Graysmith, al que se le intuía como presencia importante pero que todavía no se había revelado su verdadero rol dentro de la trama. Es precisamente a través de él cuando el entramado argumental toma cuerpo y la narración que hasta el momento había sido solo expositiva (a través del estudio pormenorizado de cada uno de los datos) se torna insospechadamente introspectiva y vivencial.
Es también cuando nos percatamos de que hemos recorrido dos décadas de historia reciente de los EEUU, de finales de los sesenta a principios de los noventa y hemos asistido casi sin darnos cuenta a los cambios que ha sufrido la sociedad durante este tiempo. David Fincher ante todo y sobre todo compone un film sobre el desencanto y en su discurso final intuimos demoledores apuntes sobre la crisis de los ideales, la descomposición de los valores y el autismo de los individuos. El resultado nos muestra a una sociedad neurótica y amargada, que necesita crear un monstruo que finalmente termina por difuminarse hasta perder prácticamente sus contornos reales. “Zodiac” casi se convierte en una excusa para que los personajes den rienda suelta a sus neurosis quedando atrapados en una espiral sin salida, quizás porque esa investigación es lo único que ha terminado dando sentido a sus miserables vidas. Poco a poco las presencias se van desvaneciendo: el compañero policía de David Toschi se retira a tiempo para recuperar su vida, el periodista Paul Avery (Robert Downey Jr.) se queda fuera de juego por su propia naturaleza destructiva, los miembros de las diferentes jefaturas de policía dejan de aparecer cuando ya no quedan nuevas pruebas que aportar. Al final, sólo nos queda Graysmith.
En su primera parte Zodiac podría emparentarse con el cine de los setenta. Pero es mucho más que eso, porque lo que hace David Fincher es adaptar ese espíritu a la pulsión real de nuestro tiempo. Mientras que muchos directores se dedican a hacer revivals de géneros mimetizando sus características sin aportar nada nuevo, Fincher consigue emplear la perspectiva contemporánea para lanzar una mirada esencialmente pesimista de la época a la que aplica su lente, utilizando los moldes visuales presentes aunque sin ocultar un marcado aire retro.
Zodiac despliega finalmente todas sus capas y se muestra en todo su poliédrico esplendor. Por una parte es un brillante thriller (envoltura eminentemente de carácter cinematográfico), por otra un magnífico estudio de personajes (tejido interno), y por último un punzante retrato de la sociedad (capa cubriente global). Pero sobre todo, Zodiac es una obra muy tenebrosa que nos muestra un mundo sombrío, lleno de amenazas que nos acechan por doquier y de las que somos más o menos conscientes. Algunos prefieren dar la vuelta y desentenderse y otros simplemente, se vuelven locos intentando analizar lo inanalizable, que el horror se haya convertido en uno de nuestros platos habituales de sobremesa.
Cronología de un asesino en serie
Resulta curioso observar cómo durante este año han estrenado película tres de los directores norteamericanos más interesantes de la escena actual: Christopher Nolan, Darren Aronosfky y David Fincher. Los tres han presentado tres proyectos de una envergadura considerable pero paradójicamente alejados de todas las convenciones de Hollywood. Tanto El truco final. El prestigio, como La fuente de la vida y este Zodiac que nos ocupa suponen trabajos absolutamente personales y alejados de cualquier convencionalismo maistream.
David Fincher siempre ha tenido talento, eso es algo que no se le puede reprochar. Sin embargo siempre me ha parecido que sus films eran demasiado alambicados y buscaban impresionar a través de su estructura y se perdían definitivamente en la retórica de la imagen. Ahora Fincher se deja de juegos, da rienda suelta a su universo más sombrío y expone con la precisión de un cirujano la ficción de la que es sin duda la mejor película de su carrera.
Zodiac no es una película fácil. Es más, pone contra las cuerdas a un espectador no prevenido, pues no hay espacio para la complacencia dentro de su tejido narrativo.
Nos encontramos ante un film sobrio, tan riguroso que llega a alcanzar la meticulosidad obsesiva, tan disciplinado que parece no sobrar en él ni una sola coma de su guión, ni un solo plano de su imagen.
El film se centra básicamente en un único punto de anclaje, la investigación acerca de un asesino en serie de nombre Zodiac que tiene aterrorizada a la población de varios estados después de haber pertrechado una decena de muertes a sangre fría. A partir de este eje constitutivo la narración se abre en tres racimos para sustentar cada uno de los motores independientes que surcan la acción y que tienen que ver con la investigación paralela que realizan los miembros del cuerpo de policía, la que llevan a cabo los periodistas de un diario local al que “Zodiac” manda mensajes cifrados para darse notoriedad en los medios de comunicación y la búsqueda personal que emprende uno de sus miembros, Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal), al que le obsesiona tanto desenmascarar la identidad de “Zodiac” que llega a consagrar su vida privada a esta causa.
El film va alternando el punto de vista dependiendo de la orientación que toma cada uno de los segmentos, variando así también el estilo con el que se encuentran narrados. En la primera parte, Fincher adapta el lenguaje periodístico al cinematográfico, mostrando una agilidad y precisión insólitas. Cortante, seco, extremadamente quirúrgico, disecciona cada detalle y lo muestra desde todas las perspectivas posibles, de forma que el espectador casi es partícipe de todos y cada una de los datos que manejan en tiempo real los protagonistas. Poco a poco el film va entrando en una etapa de tránsito, en la que la investigación (ahora centrada en el personaje de David Toschi- Mark Ruffalo) entra en un período de estancamiento, por lo que el ritmo también adquiere una modulación más calmada, aunque también más tétrica y siniestra. De una u otra forma, cada uno de los personajes a los que salpica el caso quedan atrapados por él y parte de sus vidas permanecerá marcada por la imposibilidad de resolverlo. Es el momento en el que toma el relevo el personaje de Robert Graysmith, al que se le intuía como presencia importante pero que todavía no se había revelado su verdadero rol dentro de la trama. Es precisamente a través de él cuando el entramado argumental toma cuerpo y la narración que hasta el momento había sido solo expositiva (a través del estudio pormenorizado de cada uno de los datos) se torna insospechadamente introspectiva y vivencial.
Es también cuando nos percatamos de que hemos recorrido dos décadas de historia reciente de los EEUU, de finales de los sesenta a principios de los noventa y hemos asistido casi sin darnos cuenta a los cambios que ha sufrido la sociedad durante este tiempo. David Fincher ante todo y sobre todo compone un film sobre el desencanto y en su discurso final intuimos demoledores apuntes sobre la crisis de los ideales, la descomposición de los valores y el autismo de los individuos. El resultado nos muestra a una sociedad neurótica y amargada, que necesita crear un monstruo que finalmente termina por difuminarse hasta perder prácticamente sus contornos reales. “Zodiac” casi se convierte en una excusa para que los personajes den rienda suelta a sus neurosis quedando atrapados en una espiral sin salida, quizás porque esa investigación es lo único que ha terminado dando sentido a sus miserables vidas. Poco a poco las presencias se van desvaneciendo: el compañero policía de David Toschi se retira a tiempo para recuperar su vida, el periodista Paul Avery (Robert Downey Jr.) se queda fuera de juego por su propia naturaleza destructiva, los miembros de las diferentes jefaturas de policía dejan de aparecer cuando ya no quedan nuevas pruebas que aportar. Al final, sólo nos queda Graysmith.
En su primera parte Zodiac podría emparentarse con el cine de los setenta. Pero es mucho más que eso, porque lo que hace David Fincher es adaptar ese espíritu a la pulsión real de nuestro tiempo. Mientras que muchos directores se dedican a hacer revivals de géneros mimetizando sus características sin aportar nada nuevo, Fincher consigue emplear la perspectiva contemporánea para lanzar una mirada esencialmente pesimista de la época a la que aplica su lente, utilizando los moldes visuales presentes aunque sin ocultar un marcado aire retro.
Zodiac despliega finalmente todas sus capas y se muestra en todo su poliédrico esplendor. Por una parte es un brillante thriller (envoltura eminentemente de carácter cinematográfico), por otra un magnífico estudio de personajes (tejido interno), y por último un punzante retrato de la sociedad (capa cubriente global). Pero sobre todo, Zodiac es una obra muy tenebrosa que nos muestra un mundo sombrío, lleno de amenazas que nos acechan por doquier y de las que somos más o menos conscientes. Algunos prefieren dar la vuelta y desentenderse y otros simplemente, se vuelven locos intentando analizar lo inanalizable, que el horror se haya convertido en uno de nuestros platos habituales de sobremesa.
lunes 21 de mayo de 2007
El retorno de Speiner
Hola a todos.
Dije que no iba a escribir más tontunas por falta de tiempo, pero soy una inconsecuente y aquí me tenéis de vuelta, más modernizada en el aspecto pero la misma en esencia.
No haré resumen del año porque éste ha sido lamentable y os quiero ahorrar el tedio, pero ahora que llega el veranito esperemos que el asunto se anime un poco más.
Este fin de semana ha sido ajetreado. Dos citas ineludibles: la inaguración del festival de esta mi santa ciudad y la boda de mi amigo Pepe.
Lo del festival es una vergüenza de principio a fin. Sólo decir que el director del mismo (un ser que regenta una tienda de camisetas) se subió al escenario para soltar que este festival no tenía que envidiar nada al de Cannes porque aquí teníamos paella. No somos provincianos, qué va.
Por lo demás, los mismos personajillos de siempre. La Rodriguez llegó como una diva italiana hortera con toda la cara dura que le ha dado el Señor, sin importarle su dimisión en la escuela de cine y todos los ríos de tinta que ha generado en la prensa local. Por allí estaban todos lo gerifaltes de los estudios de cine, Eduardo Noriega con cara de no saber dónde meterse, Bigas Luna, más contento que unas castañuelas y otras gentes de diverso pelaje como por ejemplo el hijo de Berlanga, que siempre termina diciéndome alguna inconveniencia, en esta ocasión me llamó "menor" mientras me miraba con ojos de lascivia. Menos mal que estaba nuestro amigo Jorge "el actor" para animar semejante escena. Mientras La hora fría sigue sin estrenarse ha puesto voz a un anuncio de tónica y ha salido en una telenovela. Con lo guapo que es.
Lo mejor de la fiesta fueron las fotos absurdas que hicimos con Mariete y Luis Albacete, que por cierto, se encontró con su máximo admirador, nuestro querido Sempere que en esta ocasión llevaba de acompañante a un efebo con el pelo en llamas.
Por cierto, los cortos que se presentan son de auténtico terror. Mario y yo tenemos la desgracia de pertenecer a un jurado de la crítica y ayer pasamos una tarde infernal viéndolos.
El otro acontecimiento de estas jornadas de frenesí fue la boda de Pepe. Sí, al que le dediqué el libro de Johnnie To, el que ha sido uno de mis grandes amigos durante décadas, el que me descubrió el cine asiático, con el que comparto mi "momento after life" favorito...
La boda de Pepe fue como una especie de revival sniestro. Allí estaba toda la pandilla de mi juventud, pero todos casados o arrejuntados, todos con sus vidas medio resueltas. Y después estaba yo a la que preguntaban: ¿Has terminado la carrera? ¿Y cómo va tu vida sentimental?, ¿Con qué te ganas la vida?, ¿Sigues viviendo en casa de tus padres?.
Las respuestas ya como que las sabeís: no he terminado la carrera, no me gano la vida de ninguna forma, mi vida sentimental es una cagada y sigo viviendo con mis padres, sí, qué pasa.
Yo solo me tengo conciencia de lo jodida que está mi vida en estas ocasiones. Porque claro, ninguno de mis "supuestos logros" tienen mucho sentido para el resto de la gente.
"He colaborado en varios libros", "Un crítico de Dirigido me nombra en su artículo", "me lo he pasado muy bien en el Baff", "voy a montar una revista digital con unos amigos". Todo muy lamentable.
Después estaba la explicación de mi última ruptura sentimental: Sí, un chico que se fue a vivir a San Sebastián y no quería una relación a distancia, pero que a los pocos meses se plantó una italiana en su puerta, tuvieron una relación a distancia y ahora viven juntos y probablemente se casen.
Pero la boda, aparte de mis pequeñas miserias, estuvo muy bien, y me regaló la imagen de un Pepe feliz. Y eso, al fin y al cabo, es lo más importante de todo.
Por cierto, el fin de fiesta a las ocho de la mañana fue espectacular: bailamos Dinamita pa los pollos, Masiel, María Jiménez, Raphael, el Puma y otras memeces. Fue entonces cuando me di cuenta de que me sentía totalmente identificada con la cancioncilla de Camilo Sexto: "Siempre me voy a enamorar de quien de mi no se enamoraaaa, y eso por eso que mi alma lloraaaa. Y ya no puedo más, ya no puedo más, siempre se repite la misma historia. Y ya no puedo más, ya no puedo más, estoy harto de girar como una noriaaaaaaaaa..."
Pues eso.
Dije que no iba a escribir más tontunas por falta de tiempo, pero soy una inconsecuente y aquí me tenéis de vuelta, más modernizada en el aspecto pero la misma en esencia.
No haré resumen del año porque éste ha sido lamentable y os quiero ahorrar el tedio, pero ahora que llega el veranito esperemos que el asunto se anime un poco más.
Este fin de semana ha sido ajetreado. Dos citas ineludibles: la inaguración del festival de esta mi santa ciudad y la boda de mi amigo Pepe.
Lo del festival es una vergüenza de principio a fin. Sólo decir que el director del mismo (un ser que regenta una tienda de camisetas) se subió al escenario para soltar que este festival no tenía que envidiar nada al de Cannes porque aquí teníamos paella. No somos provincianos, qué va.
Por lo demás, los mismos personajillos de siempre. La Rodriguez llegó como una diva italiana hortera con toda la cara dura que le ha dado el Señor, sin importarle su dimisión en la escuela de cine y todos los ríos de tinta que ha generado en la prensa local. Por allí estaban todos lo gerifaltes de los estudios de cine, Eduardo Noriega con cara de no saber dónde meterse, Bigas Luna, más contento que unas castañuelas y otras gentes de diverso pelaje como por ejemplo el hijo de Berlanga, que siempre termina diciéndome alguna inconveniencia, en esta ocasión me llamó "menor" mientras me miraba con ojos de lascivia. Menos mal que estaba nuestro amigo Jorge "el actor" para animar semejante escena. Mientras La hora fría sigue sin estrenarse ha puesto voz a un anuncio de tónica y ha salido en una telenovela. Con lo guapo que es.
Lo mejor de la fiesta fueron las fotos absurdas que hicimos con Mariete y Luis Albacete, que por cierto, se encontró con su máximo admirador, nuestro querido Sempere que en esta ocasión llevaba de acompañante a un efebo con el pelo en llamas.
Por cierto, los cortos que se presentan son de auténtico terror. Mario y yo tenemos la desgracia de pertenecer a un jurado de la crítica y ayer pasamos una tarde infernal viéndolos.
El otro acontecimiento de estas jornadas de frenesí fue la boda de Pepe. Sí, al que le dediqué el libro de Johnnie To, el que ha sido uno de mis grandes amigos durante décadas, el que me descubrió el cine asiático, con el que comparto mi "momento after life" favorito...
La boda de Pepe fue como una especie de revival sniestro. Allí estaba toda la pandilla de mi juventud, pero todos casados o arrejuntados, todos con sus vidas medio resueltas. Y después estaba yo a la que preguntaban: ¿Has terminado la carrera? ¿Y cómo va tu vida sentimental?, ¿Con qué te ganas la vida?, ¿Sigues viviendo en casa de tus padres?.
Las respuestas ya como que las sabeís: no he terminado la carrera, no me gano la vida de ninguna forma, mi vida sentimental es una cagada y sigo viviendo con mis padres, sí, qué pasa.
Yo solo me tengo conciencia de lo jodida que está mi vida en estas ocasiones. Porque claro, ninguno de mis "supuestos logros" tienen mucho sentido para el resto de la gente.
"He colaborado en varios libros", "Un crítico de Dirigido me nombra en su artículo", "me lo he pasado muy bien en el Baff", "voy a montar una revista digital con unos amigos". Todo muy lamentable.
Después estaba la explicación de mi última ruptura sentimental: Sí, un chico que se fue a vivir a San Sebastián y no quería una relación a distancia, pero que a los pocos meses se plantó una italiana en su puerta, tuvieron una relación a distancia y ahora viven juntos y probablemente se casen.
Pero la boda, aparte de mis pequeñas miserias, estuvo muy bien, y me regaló la imagen de un Pepe feliz. Y eso, al fin y al cabo, es lo más importante de todo.
Por cierto, el fin de fiesta a las ocho de la mañana fue espectacular: bailamos Dinamita pa los pollos, Masiel, María Jiménez, Raphael, el Puma y otras memeces. Fue entonces cuando me di cuenta de que me sentía totalmente identificada con la cancioncilla de Camilo Sexto: "Siempre me voy a enamorar de quien de mi no se enamoraaaa, y eso por eso que mi alma lloraaaa. Y ya no puedo más, ya no puedo más, siempre se repite la misma historia. Y ya no puedo más, ya no puedo más, estoy harto de girar como una noriaaaaaaaaa..."
Pues eso.
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