


Si la cicatriz fuera interior estaríamos hablando de una película de Phillip Garrel. Pero no, la cicatriz a la que me refiero la llevo yo en la cara desde hace un mes.
No he querido decir nada para que no os pusiéseis aprensivos, porque es un muy fea.
Mi madre siempre se asusta cuando voy a Londres por si me pasa algo, pero un día, estando sentada en el sofá de mi casa leyendo las críticas de El País de Jordi Costa, un lámpara de porcelana se me cayó en la cara. El causante del estropicio fue mi padre, que andaba arreglando unas cosas.
En un primer momento creí que Chilín se me había tirado encima presa de la locura y me había arañado. En realidad no fui muy consciente de lo que había pasado. Sólo que no podía abrir el ojo y que en la cara se me había hecho una brecha que sangraba a borbotones. Vamos, que parecía que había salido de una de las salas de tortura de Hostel.
El caso es que podía haber sido peor. Si se me hubieran roto las gafas con el golpe me hubieran entrado cristales en el ojo y eso ya tiene poca gracia. Bueno, tener una cicatriz en la cara no es que sea tampoco precisamente divertido.
Me siento como la puta aquella de Sin Perdón a la que le rajaron la cara. Me falta un Clint Eastwood salvador.
Y hablando de yayos. Hay una cosa que me perturba profundamente desde hace un tiempo. Parece que la moda de la gente que me rodea es que le gusten las personas mayores. Yo no tengo nada en contra, vaya, pero no deja de dejarme a veces con la boca abierta.
Una vez estando en la radio con Mario, en antena suelta una de sus compañeras que le ponía MUCHO Sam Elliot.
Sam Elliot!! No se, no es un actor precisamente que haya pasado por guapo. No ha pasado por nada, me atrevería a decir, porque no he visto yo que se hiciera mucho notar en ningún sitio. Pero nada, a esta chica le ponía Sam Elliot.
En palabras textuales: "Si lo veo por la calle me pondría cachonda".
La cosa esta de viejerío se completó cuando mi novio me dijo que le ponía Helen Mirren. Ahí ya Mario le dijo que se dejara de perversiones, que eso no era normal. Porque no le gusta la Helen Mirren de El placer de los extraños o Excalibur (que tiene un pase), sino la de ahora. Lo único bueno es que no me preocupa demasiado cumplir años. Total, así me voy entonando.
Finalmente, en una cosa en la que coincidieron Israel y Mario es que a ambos les ponía Ángeles González Sinde. Sí, la sosa esa que dirige la Academia de Cine.
En fin, que yo no entiendo nada. Que los gustos de la gente andan más locos que el tiempo y que igual, con esta cicatriz que tengo ahora, me doy un aire navajero y triunfo más que nunca por darme un aspecto de mujer perreada por la vida. Perrea, perrea.
4 comentarios on "Cicatrices y arrugas"
gr8 blog
Qué mensaje misterioso
Me temo que no fue un ser humano, sino un ente abstracto.
Quiero una foto de Speiner navajeada!!!!
Phillip Garrel tiene una mujer de 30 años
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